Con Santa Faustina hasta Cracovia

Allan López

7 de la mañana del 19 de julio. El tren frena lentamente en la estación de Krakow después de 10 horas de viaje desde Berlín, adonde DIOS me ha enviado para recibir un curso que puede ayudar a disminuir nuestros sufrimientos con los terremotos. Estoy cansado pero muy feliz, salgo de la estación sonriendo y con la seguridad de que Santa Faustina, cuya presencia la he sentido muy de cerca durante todo el viaje, terminará de guiarme hasta llegar al Santuario de la Divina Misericordia.

Al salir de la vieja estación en este día tan especial, veo el nuevo día con su sol que se filtra suavemente dentro de una leve niebla en este mañana de verano. Saco el mapa que el señor Komorowski, cónsul de Polonia en San José y cuya abuelita conoció a Santa Faustina, me dio muy amablemente. “Todo el mundo sabe donde está la iglesia, es después de la parte vieja de la ciudad”, me dijo claramente. Le pido orientación a Faustina y un segundo después veo la cúpula de una iglesia con su cruz y me digo que ahí tienen que saber. Llego y están en misa de 7:00. La iglesia es muy bonita pero no debo interrumpir a nadie. Rezo agradeciendo el haber llegado sin problemas a Cracovia. Cuando una joven pareja sale les pregunto ya en la acera sobre el Santuario y al enseñarles una estampita de la Divina Misericordia que siempre llevo se sonríen y me indican que debo tomar el tranvía 8 en el parque cercano. Así lo hago y durante 45 minutos recorro medio dormido la ciudad y al llegar a la última estación me bajo y acerco a una Iglesia muy moderna con una Imagen de la Misericordia. Esta no puede ser me digo pues solo hay un hombre joven rezando. Aparece un Padre y me indica que estoy en el extremo equivocado de la línea. No importa me digo y le digo a Faustina “Llévame allá por favor”.

La amable conductora del tranvía 8, que va hacia la dirección Borek Falecki, me indica que descienda en estación Sanktuarium Bozego Milosierdza. Está alegre al enseñarle la estampa y me capta al instante que estoy algo perdido, pero también la veo nerviosa de que no vaya a  encotrar el sitio. De camino paso por la parte vieja de la ciudad, cruzamos el río tal como me dijo el Sr. Komorowski y admiro una ciudad realmente bonita.

Por fin estoy en la estación y al descender me palpita el corazón al ver sobresalir entre las casas vecinas la torre majestuosa y esperanzadora del nuevo Santuario. Sigo las instrucciones de la conductora, camino por un pequeño túnel debajo de la autopista en el suburbio de Lagiewniki, paso la línea del tren y me encuentro en una calle de barrio que se llama....Santa Faustina . Quisiera verme en un espejo la cara de alegría que tengo, se acerca el gran momento y estoy muy consciente de ello. Cuando me doy cuenta estoy ya en un portón metálico semiabierto por lo temprano de la hora y al abrirlo ante mis ojos encuentro el convento que he visto en fotos. Egoístamente no me cambio por nadie en el mundo. Siento que mi corazón está latiendo más acelerado que de costumbre y quiero ver tanto de este lugar que veo muy poco. Le doy gracias a DIOS por haberme traído hasta aquí y comienzo a tratar de organizarme para aprovechar el tiempo. No veo ninguna puerta abierta en el edificio del convento.

A la izquierda hay una pequeña edificación en donde parece que venden recuerdos, al centro y al frente aparece  un altar al aire libre encima  de una plataforma con paredes de cristal y con asientos en el zacate. Este tampoco es el sitio donde esta la divina imagen. A la izquierda se encuentra el convento de ladrillos rojos y en ese momento sale una monja, casi corro hacia ella y le pregunto en inglés y español, pero me indica que no los habla y me señala que entre. Adentro me encuentro con la Madre que cuida la entrada y me parece entenderle que llamará a alguien que hable inglés pues habla por teléfono. Espero unos minutos sumamente largos y me imagino a Santa Faustina trabajando en la cocina y limpiando esas escaleras en las que estoy parado esperando. También comienzo a recordar el inicio reciente de mi devoción por la Divina Misericordia. Vivo una vez más aquel sentimiento de intranquilidad en la Iglesia de la Virgen de Loreto en Pavas en donde mi hija Virginia canta en su coro. Si, intranquilidad durante la misa porque sentí en varias ocasiones que alguien me estaba viendo pero al volver la cabeza nadie lo estaba haciendo. Luego me dí cuenta que esa “intranquilidad” venía de una imagen de la Divina Misericordia que estaba antes en la pared norte de ese templo y me quedaba oblicua hacia donde yo me sentaba con mi esposa Graciela y mi hijo Arturo. Ahora entiendo que era Él quien me miraba. También más adelante en agosto y setiembre del 2001, cuando mi hija estaba internada gravemente en el Hospital México y los médicos no daban ninguna esperanza ante su altísima hipertensión pulmonar. Un día triste de esos al  salir de la capilla de ese centro leí un cartel que decía que El necesitaba más a los pecadores, como yo, que a los justos. Me quedé pensando y luego encontré un diskette que le habían dado a mi esposa con un mensaje de la Divina Misericordia. Al leerlo toda mi realidad se reorganizó alrededor de Jesús y su Misericordia. Comenzé  a entender el significado amoroso y maravilloso de su insondable Misericordia. Ya en el Hospital de Niños su padecimiento comenzó a disminuir, aunque le decían Lázaro. Hoy día es un milagro viviente como dicen varios médicos.

De pronto me doy cuenta que han pasado varios minutos y la Madre no está. Decido salir y encuentro a dos sacerdotes en un extremo del edificio y una voz interna me dice que ellos por fin me van a llevar al altar y su imagen. En efecto, uno de ellos me explica en Francés sobre el nuevo templo en construcción y ya hemos rodeado el convento y estamos subiendo las gradas de entrada de una capilla que no se ve desde la entrada que use pero si de otras.

Antes me ha señalado la única ventana lateral abierta del convento en la que hay un ramillete de flores amarillas pues era la celda de Santa Faustina, donde Jesucristo la visitó.  

Al entrar me doy cuenta, tomo conciencia, de donde realmente estoy. El Padre sigue hablando pero casi no le puedo poner atención por mi emoción, lo veo de reojo y me doy cuenta que él está consciente de lo que me está pasando pero que eso lo alegra mucho. Atravesamos la pequeña capilla y me lleva hacia el altar con la imagen. Yo siento que avanzo pero que no camino, como que floto, todo el cansancio del viaje desaparece. El Padre me cuenta ya al pie de la barandilla del reclinatorio, que la pequeña urna de cristal de la misma tiene una reliquia de Santa Faustina, un huesito creo y que el pequeño cofre al pie de la imagen contiene los restos de la Secretaria de la Divina Misericordia. Cuando le digo que vengo de Costa Rica, muestra su admiración y dice –“ ¡ que lejos está !”- . El sabe que yo ya no le estoy poniendo casi atención y se despide sonriendo con mucha tranquilidad. Tranquilidad es lo que necesito en este momento pues soy tan nervioso y débil. Me hinco al pie de la hurna y la beso dándole las gracias a mi Madrina de la Misericordia por haberme escoltado hasta su convento. Quiero ver la imagen pero no puedo realmente. Tengo ante mis ojos los pies de Jesucristo y recuerdo en ese momento como le pedí tantas veces y me concedió que mi hija Virginia dejara de retener agua en los suyos. Siento que mis pecados me impiden subir más la cabeza y ver completamente la imagen, pero conforme me arrepiento y lloro siento que esa pesada carga comienza a perderse y después de un rato una voz interna me dice: -“ Con lágrimas no me vas a poder ver”-. Es la misma voz que hace unos meses me ordenó que ya no sufriera más por la salud de mi hija, -“ que todo va a estar bien”-. Luego siento que ahora si puedo y debo verla completamente y comienzo a admirarla y venerarla.

Es increíblemente hermosa y bella. De nuevo quiero ver tanto, que me cuesta concentrarme de la emoción. Siento además una grandísima tranquilidad interior que no pudo describir apropiadamente. Noto como los tonos y matices de las reproducciones son demasiado fuertes en relación con el original. Los rayos de sangre y agua que salen de su corazón Misericordioso son mucho más suaves y les percibo movimiento realmente, pero lo que más me atrae e impresiona profundamente son sus ojos y su mirada. Juro que me están viendo con Amor y Misericordia. Recuerdo como Santa Faustina se “quejaba” de que la pintura no reflejaba la infinita belleza de Jesús en sus apariciones.

Siento una alegría nunca antes vivida que no puedo ni quiero contener. Rezo, rezo y rezo. Mi parte perfeccionista está preocupada de que me olvide de alguien importante que necesita de mis intenciones en este Sagrado lugar. Lo soluciono rezando por “todos los que he olvidado y no debería” y “por todos los que no conozco y necesitan de la Divina Misericordia”. No me creo nada especial con lo anterior y más bien me nace una humildad que me hace sentir mis verdaderas, profundas y grandes debilidades y limitaciones de todo tipo. Pero ese reconocimiento me hace libre y más feliz. Estando rezando se inicia la santa misa. Es maravilloso como la capilla con una capacidad no superior a los 100 feligreses se llena rápidamente. Oigo rezos en varios idiomas y más alegría me invade. Comulgo y un instante antes de recibir la sagrada hostia vuelvo a ver a Jesucristo en su imagen y el Padre muy respetuoso aguarda unos instantes para darme tiempo y luego me mira con mucha serenidad en mis ojos.

Dios está en todas partes y ya he comulgado antes en mi vida, pero esta vez es sumamente especial. Hay tanta paz en este templo, hay tanto respeto; la gente reza pero no murmura como en nuestras iglesias. Al acabar la misa decido quedarme meditando y descansando. Comienzan muchas actividades en el interior. Veo técnicos de televisión montando cámaras y lámparas, Se miran muy atareados, algo especial se va a celebrar. Pregunto pero la barrera del idioma impide conocer este detalle. No importa.

Cada hora hay misa. En muchas ocasiones oficiada por algún cura que viene con las numerosas peregrinaciones. Participo en la nueva misa y vuelvo a comulgar. Descanso algo de nuevo y admiro con un poco más de detalle la arquitectura de la capilla. Veo en las paredes urnas con corazones metálicos y piezas de órganos humanos de varios tamaños, varios son de oro. Pienso en las enfermedades de mi hija y en la Basílica de la Virgen de los Angeles en Cartago, donde existen similares en agradecimiento por favores e interseciones de milagros de la Madre de Dios. Recuerdo como mi cuñada Amanda ha llevado a Virginia, a su Suegra Doña Luz y hermana Lidia a esa Iglesia en agosto de cada año.   También como mi hermana Roxana, dulce y leal  instrumento de la Misericordia, reza por Virginia con los ancianos del asilo en que colabora.

Vuelvo a comulgar en la misa de 11 de la mañana.

Después decido conocer los alrededores y al salir veo de nuevo la ventana de Santa Faustina. El clima ha mejorado. Tomo más fotos y como algo en la parte trasera donde se admira muy bien la parte lateral del nuevo Santuario. Además hay imágenes de Jesucristo y Santa Faustina.

 Duermo un poco y me despierto justo antes de la hora de la Divina Misericordia. Corro a la capilla y me cuesta encontrar asiento. Suenan las campanas y un coro entona una canción bellísima. Una voz delicada y amorosa comienza a rezar la coronilla. La entiendo y no la entiendo, Uds me comprenden. No entiendo la letra pero no hace falta comprender el Polaco para saber y vivir la Coronilla. En determinado momento me doy cuenta que están ofreciéndola por personas. Le digo a Jesús que yo también le pido por esas hermanas y hermanos y añado mis solicitudes personales, muy en especial por mi hija Virginia.

Al acabar recorro otra vez esta capilla. ¿ Dónde se sentaba Santa Faustina cuando Jesucristo se le presentó ?, De nuevo pienso en que Dios está en todo lugar, pero que en este tan especial se inició la última oportunidad de salvación antes de que Jesucristo regrese como juez. Pienso en lo maravilloso de este mensaje y de esta oportunidad única, de este tesoro y nueva forma de veneración que debemos aplicar conscientemente. Firmo el libro de visitantes en nombre de todos nosotros los devotos de la Divina Misericordia en Costa Rica. No estoy formalmente autorizado pero estoy seguro que luego lo aprobarán por unanimidad!.  Me pregunto que otros devotos de mi país habrán estado aquí.

Son casi las cinco de la tarde y aunque es verano y anochecerá hasta las diez debo buscar el lugar que Faustina me ha reservado para pasar la noche. No me preocupa pero mi debilidad humana me tiene resentido el cuerpo y tampoco tengo claro cuando regresaré a Berlín y Potsdam para iniciar el curso a que he venido. Me siento raro al tener que irme, me quedaría toda la vida aquí, ya se me hace tan familiar y maravilloso el ambiente. Ni modo a buscar donde dormir. En las gradas encuentro a varios niños muy contentos con imágenes de la Virgen María.

Al alejarme y salir de la pequeña explanadita frente a la entrada me topo con una Hermana quien me regala una sonrisa tierna y angelical, casi infantil. Sus ojos tienen un brillo increíble y me transmiten una gran alegría y profunda paz. Después de un instante digo: ¡ Gracias Faustina, ya entendí tu mensaje ! . Al escribir estas líneas me doy cuenta que eso ocurrió precisamente donde ella está pintada en un mural que fotografié en los alrededores.

Desde muy temprano duermo y hasta tarde el día siguiente. Camino un poco por Cracovia, visitó sus maravillosas iglesias tan bien preservadas y su castillo. Cerca encuentro la casa donde vivió el Papa cuando fue Cardenal. Ahora es museo. Camino y camino. Algo me inquieta y me doy cuenta que ... ¡ son las dos y media de la tarde ! . Corro al centro de Cracovia y tomo el tranvía 18. Tengo que estar a las tres en el Convento de nuevo. El tiempo se me hace eterno y llego tarde, a las tres y cinco minutos. No se puede entrar, hay demasiadas personas. Algunas me vuelven a ver y me imagino que tengo cara de angustia pues así me siento. Me apoyo entonces al pie de la ventana de Santa Faustina y me recrimino por haber sido tibio. Vuelvo mi cabeza hacia arriba y veo las flores de Ella y eso me tranquiliza: es un mensaje de paz para mi corazón. Dios me perdona, como siempre. Hoy la coronilla esta siendo rezada mucho más bellamente que ayer. Nunca en mi vida olvidaré la música celestial con que lo hacen. Estoy tan identificado y me suena tan sonoro el idioma Polaco, que repito algunas frases y canto algunas canciones con esos ángeles que las entonan.

Pasada la coronilla entro al templo y espero la misa siguiente. Comulgo y me despido con un hasta luego para Santa Faustina y un Gracias para Jesucristo de la Misericordia. Ojalá pueda volver con mis seres queridos algún día, Claro eso cuesta dinero y lo pongo en las manos de Dios.

Lo que si tengo claro es que la MISERICORDIA SE DEBE PRACTICAR TODOS LOS DÍAS y en este mundo tan loco y alejado de Dios las oportunidades están al frente de nuestros ojos si las queremos ver. La Secretaría y Apóstol de la Divina Misericordia está siempre sumamente ocupada y necesita de la ayuda de todos y cada uno de nosotros (as).

Rezar y ser devoto está muy bien pero practiquemos la Misericordia, inclusive con nosotros mismos: arrepintamos y pidámosle perdón sincero a Dios y luego a sonreírle a todo el mundo. Hay mucho sufrimiento, dolor y pobreza a nuestro alrededor, o sea mucho trabajo Misericordioso.

Muchas gracias Santa Faustina, por haberme guiado y cuidado en este viaje a tu convento.

Digamos siempre:

¡ JESÚS EN TI CONFIO !  

y

PONGAMOS EN  PRÁCTICA SU DIVINA MISERICORDIA

Y

 DIFUNDAMOS SU DEVOCIÓN ENTRE TODA LA GENTE QUE CONOCEMOS  

Dos semanas después visito al Niño Jesús de Praga en esa bella ciudad que a los  pocos días  sufre muchas inundaciones.

Hace unos días me soñe que Santa Faustina me estaba enseñando el Padrenuestro en...Polaco  

13 Setiembre 2002

 


Hecho en Costa Rica

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Publicado por Sistemas Edenia Internacional - Costa Rica