Discurso de Juan Pablo II

Viaje Apostólico a Polonia, ceremonia de despedida

Aeropuerto de Kraków-Balice
Lunes 19 de agosto de 2002

 

1. “Polonia mi amada patria, ( ... ) Dios te eleva y te trata de modo particular, pero muéstrale tu agradecimiento por ello" (Diario, 1038). Con estas palabras, tomadas del Diario de Santa Faustina, deseo despedirme de vosotros, queridos hermanos y hermanas, compatriotas míos.

En el momento en que debo volver al Vaticano, dirijo una vez más, con gran alegría, mi mirada a todos vosotros y doy gracias a Dios, que me ha permitido estar nuevamente en la patria. Con el pensamiento repaso las etapas de la peregrinación de estos tres días: Lagiewniki, Blonia de Cracovia y Kalwaris Zebrzydowska. Conservo en la memoria la multitud de fieles que oraban, testimonio de la fe de Polonia y de su confianza en es de la misericordia de Dios. Al despedirme, quiero saludaros a todos, queridos compatriotas. Han sido numerosos los que me han esperado, los que han querido encontrarse conmigo. No todos lo han logrado. Quizá la próxima vez...

A las familias polacas les deseo que encuentren en la oración la luz y la fuerza para cumplir sus deberes, sembrando en todo ambiente el mensaje del amor misericordioso. Dios, fuente de la vida, os bendiga cada día. Saludo a aquellos con quienes me he encontrado personalmente a lo largo de mi peregrinación y a los que han participado en los encuentros del viaje apostólico a través de los medios de comunicación social. En particular, doy gracias a los enfermos y a las personas ancianas por sostener mi misión con la oración y con el sufrimiento. Les deseo que la unión espiritual con Cristo misericordioso sea para ellos fuente de alivio en sus sufrimientos físicos y espirituales.

Abrazo con la mirada del alma a toda mi amada patria. Me alegran sus éxitos, sus buenas aspiraciones y sus valientes iniciativas. He hablado con inquietud de las dificultades y de cuánto cuestan los cambios, que afectan dolorosamente a los más pobres y a los más débiles, a los desempleados, a los que carecen de un techo y a los que se ven obligados a vivir en condiciones cada vez más difíciles y en la incertidumbre del futuro.

Al partir, quiero encomendar estas situaciones precarias de nuestra patria a la Providencia Divina e invitar a los responsables de la gestión del Estado a ser siempre solícitos del bien de la República y de sus ciudadanos. Que reine entre vosotros el espíritu de misericordia, de solidaridad fraterna, de concordia y de auténtica atención al bien de la patria.

Espero que, cultivando todos estos valores, la sociedad polaca, que desde hace siglos pertenece a Europa, encuentre una colocación adecuada en las estructuras de la Unión europea. Y que no sólo no pierda su identidad propia, sino que enriquezca su tradición, la del continente y de todo el mundo.

2. Los días de esta breve peregrinación me han brindado una ocasión para recordar y reflexionar profundamente. Doy gracias a Dios, que me ha dado la posibilidad de visitar Cracovia y Kalwaria Zebrzydowska. Le doy gracias por la Iglesia en Polonia, que, con espíritu de fidelidad a la cruz y al Evangelio, desde hace mil años comparte el destino de la nación, la sirve con celo y la sostiene en sus buenos propósitos y aspiraciones. Le doy gracias porque la Iglesia en Polonia permanece fiel a esta misión, y le pido que sea siempre así.

Deseo expresar mi gratitud a los que han contribuido al feliz desarrollo de la peregrinación. Doy las gracias una vez más al señor Presidente de la República polaca por la preparación de la visita. Agradezco al señor Primer Ministro la colaboración entre las autoridades civiles y los representantes de la Iglesia. Agradezco este gesto de buena voluntad.

Doy gracias a las autoridades administrativas, regionales y municipales –sobre todo de Cracovia y Kalwaria- por la benevolencia, la solicitud y el esfuerzo realizado. Que Dios recompense a cuantos se han empeñado en las diversas tareas litúrgicas y pastorales, al personal de la televisión, la radio y la prensa, a los servicios del orden –militares, policías, bomberos y agentes sanitarios- y a los que han contribuido de cualquier modo al desarrollo de la peregrinación. No quiero olvidarme de nadie; por eso, repito una vez más de corazón: Que Dios os recompense.

3. Me dirijo con particular gratitud al pueblo de Dios en Polonia. Agradezco a la Conferencia Episcopal polaca y, ante todo, al Cardenal Primado, la invitación que me ha hecho, la preparación espiritual de los fieles y el esfuerzo organizativo que mi peregrinación ha entrañado. Dirijo palabras de gratitud a los sacerdotes, a los seminaristas y a las religiosas. Gracias por la preparación de la liturgia y por el acompañamiento de los fieles durante nuestros encuentros. Gracias a toda la Iglesia en Polonia por la perseverancia común en la oración, por la cariñosa acogida y por todas las manifestaciones de benevolencia. Cristo misericordioso recompense abundantemente vuestra generosidad con Su bendición.

Entre las expresiones de agradecimiento no puede faltar una mención especial a la amada Iglesia que está en Cracovia. Doy gracias de corazón en particular al Cardenal Fraciszek Macharski, Metropolitano de Cracovia, por la hospitalidad y por haber preparado tan magníficamente la ciudad para los importantes acontecimientos celebrados durante los días pasados. Gracias de corazón a las Religiosas de la Misericordiosa Madre de Dios, de Lagiewniki, y a cuantos cada día elevan oraciones ante la imagen de Jesús misericordioso por las intenciones de mi misión apostólica. Me congratulo con la Arquidiócesis de Cracovia y con toda Polonia por el nuevo templo, que he dedicado. Estoy convencido de que el santuario de Lagiewniki constituirá un significativo punto de referencia y un centro eficaz del culto a la Misericordia Divina. Que los rayos de luz que bajan de la torre del templo de Lagiewniki y que recuerdan los rayos de la imagen de Jesús misericordioso, se irradien con reflejo espiritual sobre toda Polonia: desde los montes Tatra hasta el Báltico, desde el Bug hasta el Oder, y sobre todo el mundo.

4. “Dios, rico en misericordia”. Estas palabras han constituido el lema de la visita. Las hemos leído como una invitación dirigida a la Iglesia y a Polonia en el nuevo milenio. Ojalá que mis compatriotas acojan con corazón abierto este mensaje de la misericordia y lo difundan dondequiera que los hombres necesiten la luz de la esperanza.

Conservo en mi corazón el bien realizado durante los días de la peregrinación, y en el que he participado. Agradecido por todo, juntamente con toda la comunidad eclesial en Polonia, repito ante Jesús misericordioso: “Jesús, confío en Ti”. Que esta sincera confesión proporcione alivio a las futuras generaciones en el nuevo milenio. ¡Dios, rico en misericordia, os bendiga!

Y para concluir, ¿qué decir? Siento tenerme que marchar.

 


Hecho en Costa Rica

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Publicado por Sistemas Edenia Internacional - Costa Rica